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lunes, 24 de marzo de 2014

MALDITO DIDEROT; BRINDIS POR SUÁREZ

JAIME FERNÁNDEZ-MIJARES


Aquella mañana entró como siempre entraba en cualquier sitio: haciendo que todos a su paso volvieran sus miradas hacia su melena rubia y sus ojos claros. Entró en el despacho del –por entonces- director de RTVE con mirada seria.

-Los de derechas me caen mal, pero tienes cara de simpático. –le espetó-.

Carmen Díez de Rivera Icaza fue la artífice del acercamiento de Carrillo a Adolfo Suárez; la artífice de aquella famosa foto en la que aparecían sentados, alternando, mano a mano, Carrillo, González, Arzalluz, Roca, Calvo-Sotelo y el propio Suárez. Era una mujer de fuerte temperamento con una historia digna de película, digna de tragedia griega. Aquella musa de la transición –etiqueta que no le hizo jamás gracia alguna- forma parte de esa galería de olvidados que hicieron posible aquella Transición. España se convirtió en gran madrastra de aquella mujer que fue la auténtica artífice de la transición a la Democracia.

No fue menos el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, azote de Franco, quien mantuvo constantes reuniones con aquellos dos sevillanos de Capitán Viguera –Felipe y Alfonso- y con el propio Carrillo. Siempre se le recuerda por aquél famoso discurso pronunciado en San Jerónimo el Real, con motivo de la coronación del príncipe Juan Carlos como Rey de España. Una intervención recordada como La Homilía del siglo, en la que, entre otras cosas, dejó una frase para la historia, Sólo os deseo que seáis el Rey de todos los Españoles. No se puede obviar la gran capacidad de este país para ser un gran padrastro de todos los que hicieron algo honroso por él. Pregunten a las puertas de un instituto quién era Díez de Rivera, o Tarancón, o el cura Llanos.

De todas las banderas por enarbolar, Suárez ondeó dos: aquella de la Libertad, y la de la Concordia. Más de una madre, abuela, una hija, una novia, una esposa votó a Suárez por lo guapo que era, ellos lo votaron por la seguridad y determinación que siempre mostró. Trajo a la tribuna del Congreso aquella frase de Machado que aún hoy nos emociona. No es hoy ese día en el que haya discursos que nos lleguen al corazón. Olvidaron estos cónsules de hoy la oratoria y se vendieron a la prosa enlatada. La historia es una losa, claro queda, una losa dorada a la que hay que sacarle brillo, pues es el espejo en el que debe mirarse una nación para llegar a ser mejores que lo que una vez fuimos.  Esa losa pesa hoy sobre esos mismos que acabaron con él... aquellos que respiraron aliviados cuando perdió la memoria, porque nunca volvería acordarse de los improperios que alguno, hoy arrepentido, le dirigió. No estoy aquí para hablar de gente mediocre, evidentemente, pues hoy esos mediocres andan llorando como aquellos piangenti que iban tras el Cardenal Savonarola, dejemos pues que lloren a la sombra de un gigante.


Adolfo Suárez en su escaño de la Cámara Baja

La humildad, la concordia, el consenso, son palabras que hoy suenan constantemente en boca de quienes nos gobiernan –aquí y allí- .Suenan, únicamente. en aquellos finales de los 70, Suárez, Díez de Rivera, González, Carrillo, Tarancón y compañía, se encargaron de hacerlas realidad. Si con la muerte de Carrillo fuimos conscientes de que el siglo XX había fallecido, hoy debemos asistir al entierro de la Transición. Debemos mirar al frente, como cuando se dirigía al congreso, decidido, con aquella frase del Poeta de Dueñas, hombres de España, ni el pasado ha muerto, no está el mañana -ni el ayer- escrito. Pocos saben que aquél vecino de Cebreros, que estudió Derecho en Salamanca, trabajó descargando maletas en Atocha. Aquel joven, jugador que fue del equipo de sus amores, el Dinamita de Cebreros, firmaba en el colegio a sus compañeros con una dedicatoria que a pocos dejaba indiferentes, Del futuro presidente del Gobierno. Quienes le odiaban y quienes le amaban destacaban la misma virtud y defecto: la ambición. La ambición no evitó la tragedia Griega que vivió su familia. De alguna forma, toda tragedia tiene el mismo inicio: el amor. 

Proclamaba Denis Diderot, El amor priva de espíritu a quienes lo tienen, y se lo da a los que carecen de él. En este día que enterramos, enterramos también a la incineración de aquellos años. Gastamos ya los años buenos pasados con el deber y propósito de hacer mejor lo que ha de venir. El amor privó de espíritu a Suárez y –a cambio- da espíritu, con su ejemplo, a algunos de los que nos representan y carecen de él. Solo cabe una mirada por el retrovisor y seguir andando hacia un porvenir lleno de espíritu gracias a su amor por este país y su valentía para defender la democracia frente aquellos desalmados con sable que decían ser hombres de honor y ni siquiera sabían escribir esa palabra.

El abrazo, obra de Juan Genovés

A quienes nacimos a fines de los 80, nos llegó la figura del mito de Suárez. Cuando a Javier Cercas le dio por inventar un género literario, creó la ingeneria literaria con Anatomía de un instante. Una maravilla en la que diseccionaba un solo instante en mil historias de todos los protagonistas en la Carrera de San Jerónimo, aquel día de febrero. A mi humilde entender, es una obra que debería ser lectura obligatoria en todo instituto y colegio, pues es la Historia el calcio de los huesos de nuestro intelecto. Decía Suárez que la primera obligación de un político era no convertirse en un autómata, pues he ahí el declive de hoy: ha quedado a un lado aquella forma personal de hacer política siendo uno mismo y han dado paso los políticos a la frase enlatada y a una personalidad autómata.

Lo clásico es aquello que mejor no puede hacerse, y es clásico el mayor acto revolucionario que existe: ser uno mismo. Suárez, González, Carrillo, Díez de Rivera, etc. Eran ellos mismos, eran libres, era la edad de la inocencia, el mejor de los tiempos. Fue el pasado sábado cuando Diego Bermúdez, Gonzalo Gragera, Carlos Afán y un servidor –además de estar en espíritu el resto del equipo de este Foro- brindamos en la despedida de aquella edad de la personalidad, con el propósito de dar paso a una era aún mejor que vendrá -por ella trabajamos-; fue anoche cuando alzamos nuestras copas y dijimos al unísono, ¡Por Suárez! ,anoche fue cuando evocamos aquel Abrazo de Juan Genovés y dijimos, como en 1977,  Esta noche, la Libertad. Maldito seas Diderot, que te llevas a Suárez, con buena intención, para llenar de espíritu aquella tierra donde habite el paraíso. Alcen sus copas, en esta noche, sin miedo. Por la Libertad.

Porque un hombre sólo tiene una vida, a cambio, la historia puede recordar por siempre.


A Don Adolfo Suárez González (1932-2014).

jueves, 27 de febrero de 2014

INNOVACIÓN: DE FLANDES AL TOMATO VALLEY ANDALUZ

ÁLVARO GUIJO


En el análisis de las causas que explican la dramática situación económica, política y social que vive Andalucía suelen darse cita argumentos fatalistas, que aluden implícitamente al destino manifiesto como principio y fin de todos nuestros males. Cual plaga bíblica, el lacerante desempleo en nuestra tierra –nada menos que el ¡36,3%! de la población activa, EPA 4T 2013, casi quintuplicando la media de la OCDE- vendría explicado por una suerte de alineación astral, como si Saturno o Júpiter fueran responsables de nuestros infortunios. Sin embargo, las antiguas deidades romanas nada tienen que ver con el presente de Andalucía, y está en nuestras manos conquistar nuestro futuro, abandonando el inmovilismo fatalista y siendo conscientes de nuestras extraordinarias potencialidades.

Previsión de desempleo de la OCDE

La conquista del mañana empieza en el ahora. Para que la propaganda quimérica de la “Andalucía, imparable” se sustancie en hechos concretos no hay que esperar al enésimo Plan de Desarrollo quinquenal de la Junta: tu futuro está en tus manos, y no en las de ningún bur(r)ócrata de San Telmo. Mientras tanto, la simpar Susana seguirá difundiendo la versión políticamente correcta de lo que acontece en nuestra tierra –la Arcadia feliz made in CanalSú-, aunque para ello haya de embarcarse en promesas incumplidas; hueras ilusiones que reverberan en el eco implacable de treinta años de letargo. Letargo autoinducido por un Gobierno a todas luces incompetente, que no ha sabido resolver, en tres décadas de nutridos fondos europeos, ninguno de los grandes problemas que sufre Andalucía; y una oposición incapaz de proponer alternativas reales frente al fracaso del estatismo esclerotizante. Broma macabra, la de la clase política andaluza –claro ejemplo de la más rancia dedocracia- que se disuelve, cual azucarillo, al descubrir la verdad desnuda de la EPA. Un millón cuatrocientos cuarenta y seis mil andaluces que viven en la profunda incertidumbre del que espera habiendo perdido toda esperanza; del que afronta cada nueva alborada como un caminante sin camino; como alguien que no se siente dueño real de su porvenir.

Ya basta. Basta de gobernantes incompetentes que se sirvan de Andalucía en lugar de servir a los andaluces. Basta de nepotismo, dedocracia, corrupción, despilfarro de lo ajeno, fanatismo y obediencia ciega a las sacrosantas directrices del Partido con tal de permanecer en despacho oficial. Basta de la política concebida como única profesión posible para aquellos que carecen de profesión, que jamás han creado valor para la sociedad y que se limitan a camuflar su absoluta incompetencia en la retórica mitinera del argumentario. Andalucía no es el cortijo de nadie, basta ya de tomarnos por imbéciles.

Susana Díaz VS Juanma Moreno

Andaluces, regeneraos; sed conscientes de vuestro –nuestro- incomparable pasado y luchad denodadamente para ser merecedores de un futuro mejor. La herencia histórica aquilatada a lo largos de los siglos por Trajano y Adriano; Séneca, Averroes, Maimónides y Lucano; Velázquez, Murillo y Picasso; Martínez Montañés y La Roldana; Góngora, Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, los Machado, Lorca, Alberti…y tú. Permíteme el tuteo, querido lector, para incluirte entre los grandes hacedores de Andalucía. Te mereces figurar con letras de oro en el libro de honor de nuestra tierra, como homenaje callado a aquellos hombres y mujeres que, desde el trabajo diario, conquistan día a día su mañana en el hoy. Como el humilde agricultor que, desde hace siglos, ha seguido los ciclos insondables de la naturaleza para extraer, de la Vega del Guadalquivir, el oro líquido con el que alimentar a su familia y prosperar a través de las generaciones, modelando la tierra y haciendo posible el prosaico milagro que ya estudiara el gaditano Columela hace más de dos milenios. No estamos condenados al subdesarrollo, querido amigo, y la voluntad tenaz de nuestros antepasados debería servir de mudo ejemplo, como antídoto frente a la pasividad y el conformismo de aquellos que ya nacieron – que nacimos- condenados a abandonar Andalucía para buscar un futuro allende las estribaciones de Sierra Morena, ante la perpetua carestía resultado de tres décadas de intervencionismo autocomplaciente.

Escudo de Andalucía, tan maltratado


Escribo estas líneas desde el viejo Flandes, tierra castigada duramente por dos Guerras Mundiales y sucesivas conquistas a sangre y fuego de los colosos circundantes que, a pesar de ello, ha sabido sobreponerse a todas las circunstancias adversas y alcanzar la prosperidad. Bélgica no dispone de recursos naturales especialmente abundantes; su dimensión territorial es menor que la de Extremadura; enfrenta continuas tensiones secesionistas provenientes del territorio flamenco; su inestabilidad política llegó hasta el punto culmen de vivir sin Gobierno Federal durante más de un año; y su sistema administrativo es aún más complejo que el español (sí, es posible), haciendo de la duplicidad la (ineficiente) regla. ¿Cómo puede, entonces, un país como Bélgica, situarse a la cabeza del desarrollo, con un sector industrial puntero y unos niveles de bienestar que en nada envidian a las primeras potencias mundiales? La respuesta a estos interrogantes podemos encontrarla en las lecciones de la Historia.

A finales del siglo XIV, Gante era una próspera ciudad dedicada principalmente a la manufactura de textiles y al comercio con el resto de Europa. Tal llegó a ser su riqueza que, en la Edad Media, era considerada como la segunda ciudad más importante del Viejo Continente, tan solo superada por París. Indudablemente, el éxito de Flandes se basó en la creación de valor añadido a las materias primas que importaban de países como España. Así, los ganaderos de la Mesta castellana vendían su producción de lana a las ciudades flamencas y compraban las prendas ya confeccionadas en los telares del norte a un precio, como imaginará el avezado lector, sustancialmente más alto.

Es cierto que la orografía de los Países Bajos supuso una considerable ventaja competitiva, al reducir los costes de transporte gracias a la eficiente red de canales, que constituían el auténtico cordón umbilical de Flandes con el resto del continente. Sin embargo, la verdadera clave del desarrollo flamenco hay que buscarla en los factores empresarial (lo que hoy se denominaría entrepreneurship) e institucional. Mientras que la estratificación social española se fundamentaba en el derecho de sangre –la nobleza y el clero-, en las prósperas ciudades de los Países Bajos florecía una pujante burguesía, que no dudó en mantener un pulso con el mismísimo Emperador Carlos V y defender sus derechos ante una presión impositiva asfixiante, que amenazaba con poner en riesgo la prosperidad e independencia. El espíritu empresarial de la burguesía flamenca perduraría hasta la Revolución Industrial, hasta el punto de que Gante fue conocida como la Manchester belga por el dinamismo de su tejido productivo.

Atlas sosteniendo el mundo

Hasta aquí la pequeña incursión en la historia de Flandes. Volviendo a Andalucía, ¿qué lecciones podemos extraer para el desarrollo futuro de nuestra tierra? ¿Acaso no tenemos suficientes potencialidades para alcanzar niveles de desarrollo parejos a los de Bélgica? ¿Es el tejido social andaluz menos dinámico que las ciudades flamencas del S.XV?

Desde mi punto de vista, el gran reto de Andalucía está en dejar de ser la Mesta castellana del S. XXI (volcada, grosso modo, en los sectores agrario y turístico) y centrarse en la creación de valor añadido, verdadero caballo de batalla del futuro europeo en un contexto global. ¿Quiere eso decir que tenemos que abandonar los olivos y sustituirlos por Google Glass y iPads? No, y ese es uno de los errores en que incurre el esnobismo emprendedor, tan de moda en los últimos tiempos. No todo el mundo puede copiar el modelo de Silicon Valley, ni es deseable que ello sea así. De hecho, California no solo destaca en el diseño de gadgets de todo tipo: su sector agroalimentario se sitúa como el quinto mayor productor de mundo.

Almería, el Tomato Valley andaluz

¿Tenemos que seguir elaborando aceite de oliva y jamón ibérico? Sí, el mejor, pero innovando constantemente en los procedimientos de fabricación y comercialización y adaptando el know-how tradicional a las exigencias de nuestro tiempo. Un ejemplo muy claro, sin ir más lejos, lo tenemos en Almería, tierra desértica que ha conseguido, en las últimas décadas, situarse a la cabeza de Europa en producción hortofrutícola. Es cierto que los humildes tomates de invernadero no son tan cool como las tablets de Apple, pero ¿acaso no es el Tomato Valley almeriense un claro ejemplo de innovación? Innovación made in Andalusia en el sector del campo, y todo ello a pesar de unas instituciones públicas hipertrofiadas e ineficientes que se regodean en el entrepreneurship de salón -queda muy bien en la foto- mientras disfrutan poniendo trabas a la creación de nuevos negocios; colocan a sus allegados en Agencias de nombre impronunciable y dudosa utilidad; y recurren a la manida lucha de clases para disimular su patente incompetencia. El motor económico de Andalucía no lo decidirán, a golpe de BOJA, nuestros bienintencionados dirigentes. Serás , querido lector, con tu voluntad, creatividad, pasión e ingenio, el que haga avanzar las fronteras del conocimiento y haga progresar a nuestra tierra. ¿Andalucía imparable? Sí, pero a pesar de la (omnipresente) Junta. ¡Chúpate esa, Mark Zuckerberg!

martes, 25 de febrero de 2014

HOY ES SIEMPRE TODAVÍA

MARIANO PÉREZ DE AYALA


La esperanza es un valor en franca decadencia en Andalucía. Día tras día vemos a una Comunidad que se ha sacado el carnet vitalicio para asistir al espectáculo indecoroso que nos dan aquellos que copan los perennes y mullidos sillones de las instituciones andaluzas. Y no solo ellos, si no que en la otra acera aparece un nuevo figurante, de bajo perfil y trayectoria hinchada, a corroborar la mediocridad de la escena andaluza.

A esta función asiste un público no demasiado incomodo y contestatario, que parece preferir vivir en el sedentarismo, no sé si anclado en el popular dicho del “más vale malo conocido…” o, aún peor, en la evasiva coartada de que en esta tierra se vive muy bien entre rayos de sol, vinos y viandas.   

Es inevitable, en tan desalentador panorama, que nos surjan a los sesos más inquietos dudas cuya respuesta se antoja harto difícil: ¿Es Andalucía una sociedad fracasada? ¿Son nuestros dirigentes mero reflejo de nuestra idiosincrasia? ¿Hay razones para pensar que esta tierra podrá salir algún día de la apatía y el inmovilismo?

La decisión de abandonar un barco a la deriva no por dejar de ser la opción más comprensible se despega de ciertos aromas pusilánimes. Hay razones para pensar –me resisto a pensar en mi condición de regeracionista lo contrario- que en Andalucía puede surgir un movimiento que levante a la ciudadanía de su letargo.

Porque ya se hizo.    

Este viernes se celebra la efeméride del 28 de Febrero de 1980. Hoy pocos recuerdan o quieren recordar todo lo que supuso llegar a aquel referéndum por la autonomía andaluza y todo queda  como la leve traza de un sueño distante. Pero el 28F no es solo pan con aceite. Aquel día, un movimiento social, político y cultural, que en años precedentes comenzó a nadar contracorriente en el tortuoso camino de la autonomía, daba a un pueblo andaluz ansioso de libertad y progreso la oportunidad  de salir de la marginación que otros  pretendían.   

La ilusión de un hoy que es siempre todavía
De aquellos memorables días poco queda ya. La sustancia del 28F ha quedado reducida a un puñado de manualidades en las escuelas y algunos actos institucionales vacíos en los que a los políticos se les llena la boca de agasajos a una tierra que ellos mismos denigran por rutina.

Pero un servidor, si me permiten la osadía, ve en aquella época una terna de valores y principios que podemos asumir para la coyuntura actual que, aunque algunos no vean equiparable a los sucesos de la transición, es innegable que está adquiriendo tintes dramáticos afines y –aunque  sorteemos la evidencia- de cierta naturaleza irreversible.

Algo que de entrada hoy resultaría una quimera imaginar es esa conciencia de unidad. Políticos de todos los colores y pueblo yendo de la mano en pro de un objetivo común, el de sacudirse  la dependencia  de aquellos que querían prolongar la cultura del eterno subsidio. Qué difícil, pero qué necesario sería una clase política que recuperara la decencia del servicio público y el quehacer de un objetivo común.

Igualmente, no debemos olvidar el espíritu regeneracionista que impregnaba la sociedad, escoltado  por una identificación con la cultura andaluza que jamás se respiró anteriormente. No hablo de conciencia de pueblo o nación,  Andalucía jamás la tuvo y no es necesaria, me refiero a la identificación cultural en sentido amplio: una tensión intelectual, un pensamiento filosófico social y económico con Andalucía como centro de reflexión, una inquietud colectiva para que la sociedad avanzase.   

Finalmente, el valor más importante de todos, -sobre el que escribía mi compañero Jaime un brillante artículo-: la libertad. La libertad es un principio que se  presume dado a las generaciones posteriores a la transición, pero paradójicamente sospecho que nos encontramos en una sociedad menos libre de pensamiento que la del 28F. ¿O es que acaso no estamos más sujetos a las tendencias, al miedo al repudio, a la censura mediática que nuestros coterráneos que clamaron libertad e independencia aquellos días? La libertad es coherencia, la que llevo a Clavero a abandonar las filas de su propio partido cuando pidió la abstención en el referéndum, ¿Qué político, en este sistema clientelar, sería realmente libre hoy de contraponer una idea al partido sin temer perder su confortable poltrona?

El 28 de Febrero es esperanza. La tesitura en la que nos encontramos es inmejorable para rescatarlo. A pesar de la mediocre clase política somos una generación más preparada que aquella y tenemos una visión más universal de la sociedad. Andalucía reclama a gritos otro cambio, la ilusión reside en nosotros y  no en los que se han encargado de vilipendiar la autonomía andaluza durante décadas.

No perdamos el verde de nuestra bandera. Ya lo dijo el insigne poeta sevillano “Hoy es siempre todavía”.

La bandera andaluza ondea, a pesar de todo

lunes, 24 de febrero de 2014

BANDERA DE LA LIBERTAD

JAIME FERNÁNDEZ-MIJARES


Era 1859. Era el mejor de los tiempos, el peor de los tiempos. La edad de la Sabiduría y de la Locura; de las Creencias y la Incredulidad. La Primavera de la Esperanza y el invierno de la Desesperación. Hace 155 años, Charles Dickens cobraba por cada palabra que escribía. De ahí que fuera tan sumamente meticuloso a la hora de escribir. Esas dos líneas y media corresponden a las primeras líneas de Historia de dos ciudades. Preámbulo que bien podría ser escrito como profecía para los tiempos que hoy vivimos. No nos queda más, a los andaluces, que preguntarnos qué hemos hecho para vivir en el mejor de los tiempos y en el peor, igual que hace 34 años.

Decía –en un tuit dirigido a Gonzalo Gragera- , hace pocos días, Antonio Burgos que cree en la Autonomía, en aquella con la que soñábamos. Aquellos días de Diciembre de 1977 en los que muchos se echaron valientemente a las calles para exigir lo que otros también reclamaban, eran los mejores y los peores de los tiempos. Era el mejor de los tiempos, para ser valiente, y el peor de los tiempos para ser cobarde. Vivimos abrumados por la desesperación que, evidentemente, nos ciega para disfrutar del color y la luz de la esperanza. La esperanza de aquél verde de banderas que, en esos fríos días de Diciembre, se hacían con sábanas y trapos para exigir otra cosa que es igual de pura que el blanco: La Libertad.

Vicente Aleixandre


Muchos hemos sido alumnos, y pocos tuvimos el privilegio de tener como mentor a uno de esos padres de aquél texto firmado en Carmona. Ángel López fue quien terminó de sentar las bases de mi vocación Jurista. Ese profesor, junto a Carrillo Salcedo, no ha sido más que un guía por los caminos de la Libertad, alumbrados por su ciencia y sus brillantes mentes. Aún así, hemos tenido la manía de ser excelentes padrastros y madrastras de quienes nos alumbraron los caminos de la Libertad. Nos hemos quedado con el Machado del huerto y el limonero –Barbeito dixit-, obviando al don Antonio que nos recomendaba, Aprende a dudar y acabarás dudando de tu propia duda; de este modo premia Dios al escéptico y al creyente.  No hemos medido bien la estatura de ese genio que siempre observa sentado en Las Dueñas de otro Mundo.

Pocos recordamos a aquél Chaves, al único Chaves. Don Manuel Chaves Nogales. Aquél que hizo erudito a Belmonte. Aquél, que escribía en aquellos artículos, lo que hoy puede ser una suerte de relación entre los políticos y sus electores, pues La petulancia juvenil del hombre mimado por su propio éxito y el enconado anhelo de triunfo del resto, ceden paso a una entrañable solidaridad de seres humanos unidos por el riesgo, el esfuerzo y la excelencia comunes. Bien vista la realidad que nos concierne, vivimos en un abismo entre nosotros y la política. No es esta la tierra –ni España en general- en la que los políticos se acercan a la ciudadanía o se esfuerzan por un mínimo acercamiento, si bien, esa petulancia del éxito que les proporcionamos y nuestras ganas de triunfar, deben y tienen que ceder paso a aquella solidaridad en la que nos unen tres virtudes como las mencionadas. Al fin y al cabo, debe comprender la política, que son lo mismo que nosotros. Deben ser excelentes, porque nosotros queremos ser excelentes: si a nosotros nos exigen el Ganar nuestra vida, su labor política como hombres y mujeres plenos y de honor , es el premio a su excelente experiencia y afán de esfuerzo y superación.

Manuel Chaves... Nogales, claro

Debemos, hoy más que nunca y siempre, tomar la iniciativa de la que somos dueños, como poseedores de nuestro propio destino, y ser los mayores fiscales de nuestras obras, exigiendo obras; pues las palabras, cera; las obras, acero como escribía don Luis de Góngora. No son estos días en los que se firma la sentencia de muerte de la política. Lo que vivimos es solo la herida, porque No hace al muerto la herida, hace tan solo un cuerpo inerte, como recuerda Cernuda Bidón, desde allá, allá lejos donde habita el olvido. No es más que la hora exacta, el lugar oportuno y el momento exacto de coger ese papel pautado y escribir por detrás, tal y como le diría Juan Ramón a Zenobia.

Si Federico bordó en la bandera de la Libertad el amor más grande de su vida, quedó claro que, aquellos valientes de 1977 y 1981 y nosotros, tenemos el mismo amor de nuestras vidas: La Libertad. Aleixandre, con su sonrisa de dandy inglés de los 50, vino a decirnos que la poesía es una sucesión de preguntas que plantea constantemente el poeta .Es entonces la hora de tener claro y recordar que la política debe ser una sucesión de soluciones que plantea constantemente el elegido para representar nuestros intereses, sin olvidar que somos dueños de nuestras vidas y somos libres de elegir nuestro modo de vivir. Esa esencia es lo que han olvidado. Venía a recordarme, la Zenobia Camprubí de mis días, aquellos versos que encadenaba en forma de sevillana el elegante Rafael del Estad .Cambiando palabras de la última estrofa de una de sus obras insignes, tenemos claro que Somos antorcha del pueblo andaluz, Andalucía es el mundo para los Andaluces. A quienes he venido a citar, son los que deben regir nuestro caminar por el viaje que pone fin a nuestra desazón. Solo nuestro saber y nuestra inteligencia nos hacen más libres; aquí tienen, pues, estas insignes antorchas.

Juan Ramón Jiménez



Sientan el frío de Chaves en Londres. Exijan, como hacía don Luis. Cojan una y otra vez el Platero de Juan Ramón, pues la segunda vez abrazarán ese libro con un cariño inexplicable. Sientan las ganas de Cernuda y el descontento de Aleixandre, ese eterno amor al amor que tenía Federico. Miren a esta tierra a los ojos, con ese serio tiroteo de sentimientos y díganle, cuando nos vimos por primera vez, no hicimos sino recordarnos. Aunque te parezca absurdo, yo he llorado cuando tuve conciencia de mi amor hacia ti, por no haberte querido toda la vida. Pues somos esos caminantes que acompañan en el caminar hacia Colliure a don Antonio. Hagan volver a aquellos genios, téngalos siempre presentes. Que los políticos se tiren sus colores a la cabeza, nosotros, en las nuestras tendremos a estos andaluces que encontraron en su ciencia al amor de su vida. Hemos tenido a notables como García Añoveros, Clavero, López, Rodríguez de la Borbolla, Diego de los Santos etc. Hoy, en el Hospital de las Cinco Llagas no vuelven la vista al pasado que alumbró lo que fue una alta política. Tengamos claro hoy que está el ayer alerto al mañana, mañana al infinito. Ni el pasado ha muerto, no está el mañana -ni el ayer- escrito.

lunes, 17 de febrero de 2014

AL CÉSAR LO QUE ES DE ANDALUCÍA

PABLO FERNÁNDEZ



Si pasea por los alrededores del anfiteatro romano de Nîmes, hoy reconvertido en Plaza de Toros (Les Arenes), el visitante podrá observar en sus vistosas tiendas de suvenires una amplia gama de recuerdos típicos de esta localidad del Languedoc: trajes de flamenca, sombreros de ala ancha, castañuelas, carteles de la Feria de Abril e incluso el muy autóctono azulejo de la Virgen Macarena.

Al caminar por los alrededores del otro anfiteatro, uno se siente en pleno centro de Sevilla, de Córdoba o de Granada. Pero no se inquieten, no hay que irse hasta Francia para ver esto. En numerosas ciudades y pueblos de la geografía española, tan alejadas del sur en distancia física como en otras menos salvables, puede el foráneo encontrar todo este surtido de recuerdos típicos de la localidad y, por ende, de su cultura.
Con todo esto, me viene a la cabeza aquella frase de un ministro franquista cuando le preguntaban si iban a invertir y crear tejido industrial en Andalucía y contestó: “Andalucía no necesita industria, ya tiene sol y arte”.  Cuarenta y cinco años después es obvio que el sol lo seguimos conservando aunque no sea por merito propio, pero el arte…, el arte no. El arte, la cultura, la idiosincrasia, las costumbres, las tradiciones andaluzas…como lo quieran llamar, todo eso se ha exportado, se ha vendido, y a muy bajo precio.

La cuestión es, ¿qué se ha hecho desde los poderes públicos para preservar el legado cultural andaluz? Pues muy poco, se ha jugado a una doble carta que a estas alturas está muy gastada.

Ortega y Gasset, autor del desconocido ensayo "Teoría de Andalucía"

Por un lado, en nuestra comunidad se promociona la cultura y las tradiciones de esta tierra a niveles que dejan en pañales al mismísimo Noticiarios y Documentales (NO-DO). Sin embargo, no para fomentar su desarrollo, sino como pan y circo, como señal de que el cortijo sigue intacto. Pero agárrense, mientras, al exterior se vende que todo es progreso, y claro el progreso conlleva la ruptura con lo ancestral, lo tradicional queda relegado a lo innovador. “Andalucía imparable” lo llaman. Se quiere hacer ver que en Andalucía ya no hay latifundios, ni se celebran romerías, ni se dan pregones, ni se sirven tapas. Que esto se ha sustituido por pequeñas huertas ecológicas, por festivales multiétnicos, por coloquios feministas y por gastrodiseñoculinario. No es que lo primero sea mejor ni peor, es que es lo que mayoritariamente se da.

En definitiva, flaco favor a una cultura milenaria que -lejos de no querer compartirla con el resto de regiones, todo lo contrario- debemos sentir como nuestra. Dijo Ortega y Gasset: “Andalucía, que no ha mostrado nunca pujos ni petulancias de particularismo; que no ha pretendido nunca ser un Estado aparte, es, de todas las regiones españolas, la que posee una cultura más radicalmente suya.” No digo que sea la hora de ponernos con petulancias, pero sí de ponerle freno a este saqueo sistemático de nuestra cultura. Personalmente, me irrita más que se venda al turista, sombreros de ala ancha en Las Ramblas de Barcelona a tener que ver la Inmaculada de Soult en el Prado. Lo primero, es un robo mucho más doloroso.

El folklore, esa palabra tan denostada en nuestros días, fue uno de los motores que contribuyó al desarrollo de la cultura andaluza, por consiguiente, a su sociedad. Apoyándonos en él y no dándole la espalda se puede sentar una base, aunque no la única, para la regeneración de un pueblo que esta ya cansado de ser el abuelo de esta nación, al cual se admira pero nadie echa cuenta… y que ni él mismo a veces se toma en serio. 

viernes, 7 de febrero de 2014

LA PEDANTERÍA

DIEGO BERMÚDEZ


“Esta lluvia, tan de Borges, creo que facilita la escritura” – Gonzalo Gragera


Pedante es citar al fundador de este blog al inicio de tu artículo. Querer cambiar el mundo es de pedantes. Pero los pedantes son los que se mueven, se organizan y comparten inquietudes. Ser pedante es ser inquieto, es (querer) ser emprendedor, es encontrar a gente como tú y, en definitiva, es hacer cosas diferentes al resto.

Cuando uno quiere prosperar por sí mismo, o cuando uno quiere aprender de gente a los que considera un modelo o gente de la que considera se puede aprender mucho, ese ser es un pedante. La pedantería tiene nombre de cafetería con cócteles baratos: “Vámonos a La Pedantería”.

El pedante es el que quiere cambiar el mundo sin decirlo. O simplemente cambiar su circunstancia. Ortega era pedante. El pedante lo hace, o al menos lo intenta. No lo dice. Porque si lo dice ya no es pedante, es iluso.

Si uno acude al diccionario de la RAE encontrará una definición de la que todo el mundo entiende por pedante: “Dicho de una persona engreída y que hace inoportuno y vano alarde de erudición, téngala o no en realidad”. Pero se olvida de la segunda acepción, ya en desuso: “Maestro que enseñaba a los niños la gramática yendo a las casas”.

Porque en la vida diaria se acusa de pedante al que lee, se inquieta y pretende crear inquietud. Es más fácil solucionar el país en el bar, o en un botellón, que ponerse manos a la obra. Porque el español –normalmente anti-pedante-  odia más que ama (Pérez-Reverte dixit). Y cuando digo país digo circunstancia personal. Véase las manifestaciones por el trabajo, como si éste cayese del cielo. Es más fácil criticar que motivar la crítica. Es más fácil destruir que construir.

No hay invento más español que Twitter. Aunque fuese fundado por americanos, estoy seguro que los antepasados de estos eran españoles. Porque no puede ser verdad que a través de una misma herramienta online el español pueda criticar desde su poltrona y que además nuestros amigos Los pedantes –ahora con nombre de comparsa- se conozcan según sus inquietudes y hasta lleguen a organizarse y conocerse personalmente.

El pedante se equivoca, porque el pedante lo intenta. Y cuando se equivoca surgen frases tipo: “Ves, te lo dije”. Porque lo más fácil y lo más cómodo es apuntarse a la primera corriente y zambullirse en ella, a ver si nos cae algo. Lo más fácil es levantarse por la mañana, abrir la ventana, ver por dónde tira el viento y seguir su curso. Porque la culpa de todo es de los políticos, esos seres que vienen de otros planetas a apoderarse de la riqueza –que por supuesto es fija y no se puede crear a partir de la genialidad humana-.

En definitiva, el pedante es un ser utópico. Con lo bien que se vive tranquilamente, sin meterse en jaleos. Yo cojo el paraguas y me voy al bar de la esquina, que ya luego arreen otros y solucionen los problemas del país. Que los solucionen los pedantes, claro. Yo mientras me quejaré de los políticos sin más.

jueves, 16 de enero de 2014

ENTREVISTA A DIEGO DE LOS SANTOS

"ME INICIÉ EN EL TERRENO POLÍTICO A TRAVÉS DE MI PROFESIÓN MÉDICA. NO NECESITÁBAMOS LA POLÍTICA PARA VIVIR".




Diego de los Santos





Diego de los Santos López. (El Viso del Alcor, 1936). Jefe de Sección del Departamento de Cirugía (Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla) desde 1968, y Prof. de Cirugía desde 1980. Concejal de los Ayuntamientos de su pueblo natal, El Viso del Alcor, y de Sevilla, en donde fue también Diputado Provincial. Diputado a Cortes (1978-1982) y Eurodiputado (1989-1993). Su compromiso con la Sanidad Pública, le determina a la participación política en la transición democrática autonómica, desde su experiencia formativa en Alemania y Suiza, siendo cofundador del Partido Andalucista. Es precisamente en esta doble dirección donde desarrolla toda su actividad teórica, práctica e investigadora, siendo su libro Andalucía en Europa una muestra significativa de sus conocimientos. 




¿Qué recuerda Diego de los Santos de su infancia y de sus primeros años de juventud?


De mi infancia recuerdo el pueblo y recuerdo a mi padre. Mi padre, al igual que yo, tuvo vocación por la medicina. Vocación que nace en mis años de juventud, cuando termino el bachillerato en los Salesianos de Utrera. En aquella época, de ingenuidad y de ilusión, me matriculé en la Facultad de Medicina. Estudié en los pasillos del actual Parlamento Andaluz. Por aquel entonces conocí la dureza de la vida a través de los enfermos que cada día visitaba.



La década de los años cincuenta, las necesidades que cada día observaba y su vocación para el cuidado de sus semejantes, ¿fueron los motivos que le llevaron a su compromiso con la política?

Sin duda. Por aquel entonces comenzamos a gestar una alternativa política. Fue la búsqueda de un imposible. Yo era delegado de la Facultad de Medicina y Alejandro Rojas-Marcos, que estudiaba Derecho, se interesó por mí. Comenzamos a recorrer España, con la Universidad como eje que nos vertebraba; poco duró eso sí la aventura: a Alejandro Rojas-Marcos lo detuvieron en Madrid y a mí en Granada. Suerte que el Gobernador Civil de Sevilla tuvo trato conmigo, y bueno, nos soltaron...

Por tanto, la Universidad como vehículo de la transmisión de ideas, de conocimientos.

Exactamente eso. Virtud que hoy, a grandes rasgos, no consigo percibir.

En esa alternativa política que nos ha comentado, ¿hubo diferentes corrientes ideológicas y políticas? ¿La búsqueda de un imposible exigía la unión de las partes en un todo?

Sí. Hubo diversas corrientes ideológicas. Quizá, por su importancia, debemos destacar el trabajo de Comisiones Obreras y del Partido Comunista. Mas al margen de todo esto, nos sustentábamos en un criterio fundamental: teníamos un contenido en nuestras tesis y en nuestras premisas, pretendíamos subsanar el déficit político y social de Andalucía. Esto lo echo en falta en los movimientos políticos que ahora surgen, echo de menos un proyecto con un contenido medido, estudiado, estructurado, comprometido...

¿Podemos decir que aquella aventura fue el germen del Partido Andalucista?

Es probable que así fuese. El partido se crea provincia a provincia, en un proceso relativamente dilatado en el tiempo. La casa de Alejandro Rojas-Marcos fue el epicentro. Memoria de Luis Uruñuela. En esta etapa de mi vida, años sesenta, emigro a Alemania y a Suiza. Experiencia crucial para mi formación en la medicina y en mi carrera profesional.

¿Mientras trabajó en Alemania y en Suiza perdió el contacto con aquel ideal que se estaba materializando? ¿Qué se encontró en su retorno a España?

Mantuve el contacto con Rojas-Marcos y con Uruñuela. No olvidemos que me inicié en el terreno político a través de mi profesión médica. No necesitábamos la política para vivir. Implicación y compromiso con la sociedad como analogía del cuidado de un paciente. 

Me encontré con un Rojas-Marcos fortalecido. Con un ideal que había tomado forma en las siglas. Me encontré con un cuatro de diciembre. Me encontré con una bandera, con un himno y un escudo hasta entonces poco conocidos.

¿Recuerda la primera vez que escuchó el himno?

Por supuesto, la primera grabación la hizo Carlos Cano en una casa de disco que regentaba Benito Moreno.

¿Hizo el Partido Andalucista el "trabajo sucio" de la autonomía, cuyos logros han beneficiado al PSOE en los libros de Historia?

Bajo ningún concepto el PA hizo el trabajo sucio por la autonomía, en cualquier caso hizo el trabajo limpio. El PSOE quizá se haya apropiado de todo esto. También debemos reconocerle su labor, a pesar de todo. Claro está, con la dictadura había mutis por el foro...

¿Qué distancia separa a la política actual de la política que usted ha vivido?

La deformación de los ideales y su traducción en un poder por el poder. Ah, y que nosotros vivimos para la política; no de la política.

¿Dónde podemos hallar el problema de esa deformación de la política?

Creo que es muy sencillo de explicar: la política se deforma porque la sociedad se degrada.

Diego, ¿nos puede definir qué fue para usted el andalucismo?

El andalucismo es el compromiso personal y político por la defensa de los valores de Andalucía. Una política que no se encuentre llena de cadáveres.

De su experiencia en el Parlamento Europeo, ¿nos indica qué necesita  y qué puede aportar Andalucía a Europa?

Partimos de una base: estamos incardinados en Europa en el contexto actual. Somos en gran parte cultura europea. Como comprenderán me considero europeísta. Mi experiencia en el Parlamento Europeo fue positiva. Andalucía de Europa quizá, siendo franco, necesite sus resultados en educación y su escasa tasa de paro. ¿Qué puede aportar Andalucía a Europa? Un mercado aún por explotar y una joya aún por conocer.

En conclusión, ¿en qué creyeron en aquellas reuniones y en qué han derivado esas ilusiones de sus viajes como delegado de la Facultad de Medicina?

Nosotros creíamos en la libertad. ¿Derivado las ilusiones? En nada han derivado, hoy he comprobado que aún tengo la esperanza.