miércoles, 26 de febrero de 2014

YO, MÍ, ME CONMIGO

CARLOS AFÁN


No, no es el último álbum de Joaquín Sabina, es la que parece ser la hoja de ruta de la flamante nueva presidenta de Andalucía, Susana Díaz Pacheco; y prueba de ello fue el acto que el pasado 23 de febrero organizó El Partido y donde ella fue genio y figura.

En ningún momento se quiso vender el acto como un mitin político, y tras seguirlo desde el comienzo hasta el final estoy convencido de que no lo fue. Y no lo fue por la sencilla razón de que para serlo, por un mínimo de decencia y algo de sentido de la vergüenza, se hubieran planteado en él ideas para cambiar la situación actual, y en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla lo único que se escuchó fue el aplauso constante de miles de militantes que parecían estar encantados con la situación en la que está sumida Andalucía.

El acto recordaba mucho a la puesta en escena que meses antes había escenificado Albert Rivera con El Movimiento, que presentaba al orador rodeado de diversas personalidades sentadas en banquetas.

Y allí estaba ella, sin grandes personalidades a su alrededor pero pletórica, radiante,  y rodeada de jóvenes. Jóvenes de la que es sin duda alguna una organización juvenil independiente política y orgánicamente de El Partido; por eso estaban allí, tras la mismísima Secretaria General, para dejar clara su independencia.

Susana Díaz, aplaudida, por los suyos


Su intervención comenzó citando a Antonio Machado, a un Machado adulterado y manoseado por una clase dirigente que muy rápido ha olvidado que la pluma del escritor dejó redactada aquella frase que dice “Ni vale nada el fruto cogido sin sazón... ni aunque te elogie un bruto ha de tener razón”; y es que sí, señora Presidenta, si el poeta sevillano volviera a la vida y viera quién hace empleo de su nombre, de su tierra y de su letra, seguros estamos de que vergüenza sentiría.

Pero las fuerzas de la dirigente socialista no se quebraron al repetir una y otra vez que había llegado el momento de demostrar al resto de España que otra política era posible y que la iban a poner en práctica; ya me hubiera gustado ver el gesto de asombro que debía de tener su sucesor, Pepe Griñán, al echar por tierra las políticas que había practicado hasta la fecha.

La presidenta recordó aquel primer y lejano 28 de febrero, definiendo a la Andalucía del aquel momento como la tierra de la igualdad de oportunidades, y es que tales reminiscencias se quedan en eso, en un simple recuerdo de un tiempo mejor, que nada tiene que ver con el desolador drama del empleo en nuestra tierra.

Fue precisamente en este aspecto donde el discurso de Susana Díaz adquirió un cariz decisivo, al hacer referencia al tema de la Política Agraria Común (PAC) y su reforma, que afecta a cerca de 280 mil productores. Llegados a este punto, sería bueno echar la vista atrás y no olvidar quién había sido el garante de este gran tesoro de los agricultores andaluces: Luis Planas Puchades. Efectivamente, el que fuera el rival de Díaz en la mímesis de primarias que realizó El Partido en julio de 2013, había sido fiel defensor, tanto a nivel europeo como a nivel autonómico, de una distribución más favorable de la citada política europea para los agricultores andaluces.

Finalmente Planas no consiguió los apoyos suficientes y fue redirigido en buena dirección por la senda de los elefantes –ahora es Secretario General del Consejo Económico y Social de la Unión Europea-, dejando a la joven política sevillana una Andalucía y un partido en el que ella hará lo que estime oportuno.

Pero el sentido de la oportunidad no se le apareció aquella mañana de a la presidenta, la cual no consideró que quizás hubiera sido un buen momento para hacer algo de pedagogía democrática al explicar qué iba a hacer con ese millón y medio de personas en paro1 que hay en la comunidad en la que gobierna, y que representan a más del 25% de parados en España; pero la Presidenta calló. También hubiera sido un buen momento para que nos explicara de qué manera iba a atajar el endeudamiento2 que ya en 2012 se había duplicado con respecto al año anterior; pero la Presidenta volvió a callar.

Pero no calló, y sin embargo, cayó en las promesas vacuas, en seguir manteniendo en estado de ensoñación a tantos andaluces inocentes que ajenos están a las realidades que suceden en otras zonas de su tierra.


Muy mal tienen que ir las cosas, para que el partido que gobierna tenga que hacer un acto de estas dimensiones para convencerse, a sí mismo, de que están haciendo las cosas bien.

De nuevo, Susana Díaz, diosa Astarté en un acto de rasgos "orwellianos"


(1) Datos sobre el paro:
(2) Datos sobre el endeudamiento:

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