CARLOS AFÁN
No, no es el último álbum de
Joaquín Sabina, es la que parece ser la hoja de ruta de la flamante nueva
presidenta de Andalucía, Susana Díaz Pacheco; y prueba de ello fue el acto que
el pasado 23 de febrero organizó El Partido y donde ella fue genio y figura.
En
ningún momento se quiso vender el acto como un mitin político, y tras seguirlo desde
el comienzo hasta el final estoy convencido de que no lo fue. Y no lo fue por
la sencilla razón de que para serlo, por un mínimo de decencia y algo de
sentido de la vergüenza, se hubieran planteado en él ideas para
cambiar la situación actual, y en el Palacio de Congresos y Exposiciones de
Sevilla lo único que se escuchó fue el aplauso constante de miles de militantes
que parecían estar encantados con la situación en la que está sumida Andalucía.
El acto recordaba mucho a la
puesta en escena que meses antes había escenificado Albert Rivera con El
Movimiento, que presentaba al orador rodeado de diversas personalidades
sentadas en banquetas.
Y allí estaba ella, sin grandes
personalidades a su alrededor pero pletórica, radiante, y rodeada de jóvenes. Jóvenes de la que es sin
duda alguna una organización juvenil independiente política y orgánicamente de
El Partido; por eso estaban allí, tras la mismísima Secretaria General, para dejar
clara su independencia.
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Susana Díaz, aplaudida, por los suyos |
Su intervención comenzó citando a
Antonio Machado, a un Machado adulterado y manoseado por una clase dirigente
que muy rápido ha olvidado que la pluma del escritor dejó redactada aquella
frase que dice “Ni vale nada el fruto
cogido sin sazón... ni aunque te elogie un bruto ha de tener razón”;
y es que sí, señora Presidenta, si el poeta sevillano volviera a la vida y
viera quién hace empleo de su nombre, de su tierra y de su letra, seguros
estamos de que vergüenza sentiría.
Pero las fuerzas de la dirigente
socialista no se quebraron al repetir una y otra vez que había llegado el
momento de demostrar al resto de España que otra política era posible y que la
iban a poner en práctica; ya me hubiera gustado ver el gesto de asombro que
debía de tener su sucesor, Pepe Griñán, al echar por tierra las políticas que
había practicado hasta la fecha.
La presidenta recordó aquel primer
y lejano 28 de febrero, definiendo a la Andalucía del aquel momento como la
tierra de la igualdad de oportunidades, y es que tales reminiscencias se quedan
en eso, en un simple recuerdo de un tiempo mejor, que nada tiene que ver con el
desolador drama del empleo en nuestra tierra.
Fue precisamente en este aspecto
donde el discurso de Susana Díaz adquirió un cariz decisivo, al hacer
referencia al tema de la Política Agraria Común (PAC) y su reforma, que afecta
a cerca de 280 mil productores. Llegados a este punto, sería bueno echar la
vista atrás y no olvidar quién había sido el garante de este gran tesoro de los
agricultores andaluces: Luis Planas Puchades. Efectivamente, el que fuera el
rival de Díaz en la mímesis de primarias que realizó El Partido en julio de
2013, había sido fiel defensor, tanto a nivel europeo como a nivel autonómico,
de una distribución más favorable de la citada política europea para los
agricultores andaluces.
Finalmente Planas no consiguió
los apoyos suficientes y fue redirigido en buena dirección por la senda de los
elefantes –ahora es Secretario General del Consejo Económico y Social de la
Unión Europea-, dejando a la joven política sevillana una Andalucía y un
partido en el que ella hará lo que estime oportuno.
Pero el sentido de la oportunidad
no se le apareció aquella mañana de a la presidenta, la cual no consideró que quizás
hubiera sido un buen momento para hacer algo de pedagogía democrática al
explicar qué iba a hacer con ese millón y medio de personas en paro1
que hay en la comunidad en la que gobierna, y que representan a más del 25% de
parados en España; pero la Presidenta calló. También hubiera sido un buen
momento para que nos explicara de qué manera iba a atajar el endeudamiento2
que ya en 2012 se había duplicado con respecto al año anterior; pero la
Presidenta volvió a callar.
Pero no calló, y sin embargo, cayó en las promesas vacuas, en seguir manteniendo en estado de ensoñación a
tantos andaluces inocentes que ajenos están a las realidades que suceden en
otras zonas de su tierra.
Muy
mal tienen que ir las cosas, para que el partido que gobierna tenga que hacer
un acto de estas dimensiones para convencerse, a sí mismo, de que están
haciendo las cosas bien.
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De nuevo, Susana Díaz, diosa Astarté en un acto de rasgos "orwellianos" |
(1) Datos sobre el paro:
(2) Datos sobre el endeudamiento:
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