miércoles, 2 de abril de 2014

MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL PERIODISMO

PAULA HERRERO 

Estaba empezando a redactar el epitafio que pondría en la tumba del televisor que no preside el salón pero que sí tiene un hueco casi inevitable en su interior, pensando en una frase irónica como  Aquí yace la tele-basura y una vez vivió la información,  cuando observé que aquel trozo de plástico inerte cobraba vida de repente en forma de periodismo. Aunque me cuesta defender que Ana Pastor y Jordi Évole sean los ángeles de la resurrección, sí que han sabido recuperar con sus diferentes estilos, la dignidad de una profesión que comenzaba a quedarse huérfana: redacciones de medios raquíticas, profesionales esquilmados, ruedas de prensa hechas a medida del interviniente con escuderos de gabinete que por detrás del hombro controlan las notas que el periodista toma, preguntones mudos, notas de prensa carentes de valor, y datos y acusaciones cansinas que al peso cotizan igual, o retransmisiones 2.0 en forma de veloz tuit que nada aportan.

Ahora que recordamos la Transición española y que los medios de comunicación parecen recuperar en esta vista atrás lo mejor del periodismo (investigación, fuentes, documentación, testimonios, etc.), parece también pertinente recordar cómo fuimos para intentar mejorar nuestras circunstancias hoy. La apertura de aquellos años a nuevas formas de organización  social y política se trasladó de igual manera a la información y a la publicidad. La proliferación de cabeceras en España fue un síntoma además de la existencia de una ciudadanía ávida de conocer y profundamente lectora. Como expone Manuel Ruiz Romero en La Ilustración Regional (1974-1976) “había una ansiedad informativa” y una competencia fundada en aportar más fuentes, mejores contrastes, e incluso un diseño más atractivo de las publicaciones, donde la informática y la fotografía empezaban a ser un elemento de distinción y progreso. Paralelamente, en Andalucía surgían también títulos regionalistas, aunque siempre con cierto retraso con respecto a la aparición de los estatales. Siendo presidente Adolfo Suárez, aún se mantienen ediciones heredadas del franquismo; unas serán absorbidas y otras disueltas y nacerán otras nuevas eminentemente locales y autonomistas, muchas de ellas ligadas no solo a proyectos empresariales sino a partidos políticos. Esta retrospectiva superficial nos viene a refrescar que no hemos cambiado tanto; bueno, los números sí que nos dicen que en los quioscos de prensa se compra/se lee menos. Aunque mermada la oferta y quizás la demanda impresa, que no la pluralidad, por el cierre de periódicos, revistas, emisoras de radio y canales de televisión, y la caída del consumo, nuestro mal endémico no es la escasez sino la falta de respeto a una profesión que se ha prostituido al son de la inmediatez y los ingresos. Porque como vemos, la ideología siempre ha estado ligada al periodismo y si no, observen las tertulias de cantina que copan las escaletas de la programación nacional donde deberían pasar a multar por exceso de decibelios y falta de respeto, y compruébenlo. En esas mismas tertulias donde no cabe el localismo salvo para denunciar sus vergüenzas. Lo que falta es independencia, valor y altura de miras.

Entretanto, los medios autonómicos que fueron una buena idea, no así su sobre-dimensión cuasi clúster o multinacional bajo el imperativo del gobierno de turno y sin controles de acceso, con el tiempo se ha demostrado desgraciadamente, que no hay publicidad que los sustente. De la calidad de la información, mejor no hablamos porque cuando ha habido que recortar gastos, se ha degollado al periodismo en favor de una programación que a veces roza la ordinariez y que de vocación de servicio, no tiene nada.


En un mes se cumplirán 14 años desde que el Instituto Internacional de Prensa (IPI) eligiera con motivo del 50 aniversario de su fundación, a 50 “Héroes de la Libertad de Prensa” en el mundo. Tenemos la suerte de que entre ellos estuviera un español, el único, el primer presidente del Senado de nuestra democracia, Antonio Fontán, quien fue entonces distinguido por su labor al frente del diario Madrid entre los años 1967 y 1971, donde primaba el compromiso de una prensa libre, plural y de calidad. De momento parece que al menos el compromiso se va retomando en las conciencias de los empresarios y directores de medios, y contamos en Andalucía con nuevas iniciativas periodísticas que nos hacen recobrar la fe y la ilusión, como: Sevilla Report, 8 Andalucía o Huelva Buenas Noticias que entre otros, han vuelto a despertar la curiosidad de una ciudadanía adormecida en un consumo viciado de información low cost “desprofesionalizada”. 




lunes, 31 de marzo de 2014

DECÁLOGO DEL MAL POLÍTICO

JAIME FERNÁNDEZ-MIJARES


Tenían esa sana costumbre, expresión que utilizaba el profesor Bolea cuando explicaba Historia. Como cantaba mi Mick Jagger Old Habits Die hard, las viejas costumbres difícilmente mueren y los políticos han aprehendido ,para sí, una serie de sanas -pero malas- costumbres que hacen que nos gusten, gustar como sinónimo de reír, que otra cosa no, pero a socarrones y sarcásticos, en este cuaderno, no nos gana ni el mismísimo Dios. Sin más, es preciso pasar a analizar esos imperativos categóricos según los cuales obran los políticos actuales:

1.- Uso ridículo de la lengua

Quizás, la peor de las sanas costumbres de los políticos es la de utilizar el verbo "cesar" como si fuera transitivo cuando no, no lo es. Por tanto, les aclaro que una persona no puede CESAR a otra, CESAR cesa uno mismo, nadie puede cesarlo. .

2.- Brillante desparpajo con el subterfugio del lenguaje

Esta costumbre va bien relacionada con la anterior, pero no las considero iguales, bastante sencillo es el porqué. A menudo escuchábamos un Leve desaceleración económica, Moderación del ritmo de crecimiento de los salarios o Factor de estabilidad político y económico –cuando la realidad indica lo contrario-. ¿Saben a qué me refiero? Pues eso.

3.- Nula experiencia de vida

Quizás podemos estar equivocados, pero no concebimos la política como forma de vida o clave para subsistir, sino que el hombre no tiene que necesitar de la política para vivir, yaciendo ahí la clave, tal y como nos contó Diego de los Santos. Dicho esto, la mayoría de las señorías de San Telmo poca vida han tenido a parte de la política, salvando excepciones, evidentemente, pero valga recordar el caso de USA, por ejemplo, donde los políticos son políticos, tras haberse convertido en empresarios y hombre y mujeres de éxito en su profesión, amén de excepciones claro está. Pero en España y Andalucía, queda todo solucionado con un "Es que es un excelente servidor público y no necesita una carrera o experiencia laboral para dedicarse a servir a los ciudadanos". Aún así, somos benévolos, y les concedemos un voto de confianza, quizás anden pensando como Severo Ochoa, quien se dedicó a investigar la vida y supo para qué existía. Ahí lo tienen.

4.- Escuchar chistes de Eugenio

También podemos tomar a Gila, pero es curioso como sus señorías están constantemente sonriendo como si vivieran en una burbuja y todo lo que vivimos fuera una tragicomedia sin fin. Claro está, viven en una burbuja, pero a ellos y a ustedes les da igual, o no. De vez en cuando está el chiste de Vamos a crear empleo, creamos empleo, mi objetivo es crear empleo o el objetivo es una reconversión del tejido industrial. Desafortunadamente, se lo creen, pero no. No crean empleos ellos, ni ellos, ni el Leviatán en que han convertido este Estado y Esta Comunidad.

5.- Nula capacidad de razonamiento jurídico

La peor de todas las costumbres es el hecho de hablar de la Ley como algo que es último recurso o como algo que hay que cumplir por las malas y por defecto. No. La ley debe ser el argumento de todo hombre y mujer dedicados a servir. El argumento jurídico es siempre agua frente a cualquier falacia política que no es más que hielo que se diluye ante la pureza de la evidencia.

6.- Hipocresía

Pónganse en situación, busquen en hemeroteca. Encontrarán situaciones en las cuales los que criticaban la política aplicada por un gobierno, ahora, hacen justo lo que criticaban y así sucesivamente. Claro que, aquí, ni siquiera se escucha crítica, porque ni hay ni se espera a los que critiquen y sean dignos y capaces opositores.

7.- Sentido de la historia

Si un servidor tuviera a mano una tribuna cada día, no se cansaría de evocar y citar a Hemingway, Machado, Franklin o Von Mises. Pero no, a la  mayoría de sus señorías sólo los vemos aplaudir, gritar, abuchear o dar golpes en la madera del hemiciclo o la asamblea autonómica.

8.- Extraño uso de la vestimenta

Esbozamos una sonrisa cuando observamos a muchos políticos con corbatas que les quedan como si fueran llaveros colgados del cuello o la eterna americana abrochada con los tres o dos botones. Ya sabemos que todos no pueden ser tan guapos como Adolfo Suárez o tener ese fachón tan tremendo, pero oigan, cuando se les ve de semejante guisa parece que no tienen ganas ni devoción por esa vocación que dicen tener. 

9.- Laxo sentido del deber

Y digo laxo porque el deber no es un sentido, es una consecuencia de haber sido elegido por los ciudadanos para ejercer la representación. Es increíble cómo las cámaras legislativas aparecen vacías según qué se debata. No están ustedes para hacer rentable las cafeterías de sus lugares de trabajo. En cualquier empresa privada, su actitud es considerada una falta a sus deberes como trabajador, no hace falta les diga que pasa con ustedes, con sus señorías pasa nada.

10.- Currículos y carreras


Ejercer el poder, en la antigüedad –tal y como dejé escrito en otros artículos- era todo un honor para quienes acababan desempeñándolo. Hoy es una forma de trabajo, y ni siquiera consideran que haya que formarse para ejercerlo. No se esfuerzan por ser los mejores, ni quieren serlo. Por suerte, la ciudadanía y nosotros no es que seamos los mejores, nos esforzamos por serlo, y eso es lo que cuenta, la actitud. El problema es que no se puede meter la actitud en la papeleta con la que se vota cada cuatro años.